132 AÑOS DE TRAYECTORIA

La Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola en 1540, fue la primera institución educativa del Uruguay. Nuestra historia comienza con la fundación de la Colonia del Sacramento en 1680 por el portugués Manuel de Lobo. El grupo de jesuitas que formaba parte de su expedición se encargó de la atención espiritual de la nueva colonia y de la fundación del primer centro educativo con que contó nuestro territorio, el Colegio de San Francisco Javier, cuyas ruinas hoy rodean el faro de la ciudad de Colonia. El Colegio sufrió las vicisitudes de los ocupantes portugueses, que perdieron la ciudad a manos de los españoles en varias ocasiones y cerró definitivamente sus puertas cuando los jesuitas fueron expulsados de las posesiones lusitanas en 1758.

escudo sgdo corPor su parte, los jesuitas españoles participaron de la fundación de la ciudad de Montevideo, atendiendo espiritualmente a los casi dos mil indios tapes que vinieron de las misiones del Paraguay para construir las murallas de la nueva población. En 1746, dirigidos por el P. Rafael Martorell, abrieron la primera escuela de Montevideo, que se ubicó en la Plaza Matriz, en la manzana que hoy ocupa el Ministerio de Obras Públicas. El Colegio, dedicado a San Estanislao de Kostka, fue cerrado en 1767, cuando los jesuitas fueron expulsados del Imperio Español por el rey Carlos III.

La orden regresó al Uruguay en 1842, cuando nuestro país ya era una república independiente, aunque sufriendo una larga contienda civil, la Guerra Grande. En el Montevideo de la Defensa y con la ciudad sitiada, los jesuitas, dirigidos por el P. Francisco Ramón Cabré, se hicieron cargo del Colegio Oriental de Humanidades, que permanece abierto hasta 1854. Por tercera vez los jesuitas serán expulsados de territorio uruguayo en enero de 1859, por un decreto del Presidente Gabriel Pereira, cuando se aprestaban a fundar un Colegio en la localidad de Santa Lucía.

Finalmente y de manera definitiva hasta ahora, los jesuitas regresaron a nuestro país en diciembre de 1872, invitados por Mons. Jacinto Vera, Vicario Apostólico de Montevideo y futuro primer obispo, con el objetivo de dedicarse a tres tareas fundamentalmente: las misiones rurales, la formación del clero y la educación de la juventud. Apoyados por la generosa y rica familia Jackson Errazquin, se comenzó la construcción del actual edificio en 1878 y abrió sus puertas para los primeros alumnos, el 1º de marzo de 1880. Como lo construido en ese momento aún era muy reducido, ese primer año sólo fueron recibidos doce niños que querían ser seminaristas, pero al año siguiente, 1881, fueron admitidos alumnos seglares. 

Aunque desde un principio se proyectó un Colegio, que además admitiese seminaristas, por razones de seguridad jurídica, al nuevo centro se le dio el nombre de Seminario Conciliar, aunque rápidamente pasó a ser conocido como Colegio Seminario. En 1899 por primera vez se lo llama Colegio del Sagrado Corazón y cuando dejó de ser seminario, en 1922, se le agregó al nombre oficial (ExSeminario). Recientemente se ha resuelto volver a ponerle como nombre oficial Colegio Seminario, para adecuarlo al uso común.

Aunque el Colegio comenzó como un centro de segunda enseñanza para varones, paulatinamente fue incorporando los cursos de primaria y luego de inicial, completando catorce años de estudios. En 1966 el Colegio admitió a las primeras alumnas mujeres, comenzando por los Preparatorios y más tarde, y paulatinamente, por los primeros años de primaria.

El edificio central, fue creciendo junto con el número de alumnos y servicios que se brindaban, extendiéndose luego hacia el anexo norte de la calle Soriano, las instalaciones deportivas de la calle Canelones al sur y en 2012, el nuevo edificio de Inicial en Canelones entre Martínez Trueba y Salto. Fuera del centro de la ciudad, el Colegio contó desde principios del siglo XX con canchas deportivas, primero en Larrañaga y Caiguá (actual Casa de Espiritualidad Manresa), luego en Lagomar y más tarde en Camino Carrasco (Parque Loyola). Para sus actividades pastorales y recreativas, agregó la casa Santa María de Arequita en la sierra de Minas y la casa de La Floresta.

La propuesta académica y pastoral ha ido cambiando, adaptándose y creciendo a lo largo de estos más de ciento treinta años.

 

 

 

 

 

 

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