Colegio del Sagrado Corazón
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PERFILES

   

Introducción

En esta sección el visitante encontrará una serie de rasgos que ayudan a comprender, según nuestra inspiración, el papel de distintos actores de la comunidad educativa que buscamos animar y conformar.

Ella no es una aproximación exhaustiva, como tampoco cerrada, se encuentra abierta a la maduración de la experiencia ya que varios de los perfiles aquí expuestos no coinciden con su formulación original, sino que por el contrario ellos han sido acrecentados a través de la reflexión continua de los distintos equipos de trabajo.

Nos ha parecido de interés caracterizar el papel del Educador ignaciano y de los estudiantes que pasan por nuestro Colegio.

En el primer caso presentamos doce afirmaciones para sondear nuestra experiencia y empatía personal hacia el proyecto educativo de un Colegio Ignaciano.

En segundo lugar presentamos una visión general de lo que soñamos de un alumno o alumna al egresar de nuestro Colegio, lo que hemos llamado el graduado de un colegio ignaciano.

Por otra parte presentamos la imagen de quienes intervienen de los Movimientos Apostólicos, es decir los Horneros y los Castores, reproduciendo la LEY DEL HORNERO y las PINCELADAS DEL CASTOR.

De estos movimientos participan voluntariamente nuestros alumnos y ellos expresan de forma muy particular y concreta el compromiso cristiano comunitario y solidario de nuestros adolescentes y jóvenes y hacen parte de nuestro plan pastoral.

El educador ignaciano

Introducción

- Estas doce afirmaciones son un instrumento de exploración de nuestro ser educador en el Colegio. El deseo de que éstas vayan conformando nuestra identidad no significa que sean privativas y que no puedan vivirse en otros lugares y por otros colegas. Identidad propia no implica que el otro no tenga o no viva lo que yo vivo; al revés, ojalá sea algo que nos una a la vida de muchos otros educadores.

- Como podrán apreciar, no hay en ellas ninguna referencia a la profesionalidad del conocimiento académico y didáctico que debe tener un docente para llevar adelante su tarea. Lo supongo, aunque no debería. Pero de todas maneras, si no fuera así, estaríamos ante una buena persona pero un docente mediocre.

- Están inspirados en el libro de las Características y el Paradigma Pedagógico Ignaciano. Son como "el disco duro y tierno" del educador. Se pueden enriquecer y poner otras. Son un aporte para la reflexión que les quería entregar.

Afirmaciones para sondear nuestra experiencia y empatía personal hacia el proyecto educativo de un colegio ignaciano.

1. Encuentro en mi corazón una carga de promesas no defraudadas como para poder transmitir a otros la esperanza.

2. Puedo vivir con una memoria agradecida como para ayudar a otros a dar gracias.

3. Tengo experiencia de preparar y allanar caminos de comunicación alrededor mío.

4. No es raro que al final de mis jornadas pueda decir con dolor y/o con gozo: "estoy aprendiendo que ..."

5. He incursionado en lo que es el trabajo en equipo y me doy cuenta de que implica riqueza y riesgos. Es una forma de trabajo donde mi persona queda más expuesta.

6. Conozco esta movilizadora sorpresa: el Espíritu puede iniciar cosas nuevas en mí y en los otros.

7. He bebido en las fuentes de la alegría y tengo presente algunos de los pasos que conducen a ella.

8. He sentido el gusto inconfundible de la verdadera libertad como para poder sospechar cuando no estoy siendo libre.

9. He descubierto que mi conciencia está abierta a la verdad y por eso mismo también al engaño.

10. Haber comprobado en mí lo que es la debilidad humana me ha hecho más comprensivo y más conocedor de dónde está mi fuerza.

11. Conozco directamente algo del dolor de los pobres. Tengo entre ellos algunos amigos.

12. Sé lo que es estar alerta a los signos de Su venida en la vida de mis alumnos.

Juan J. Mosca s.j.
Coordinador de Educación de la Provincia Uruguaya S.J. 1991-1997

NOTA En todas estas afirmaciones (en el contexto de la fe cristiana) estamos reconociendo explícitamente la fuerza del Cristo Resucitado actuando en nosotros y en la historia.

El graduado de un colegio ignaciano

En cierto sentido, el estudiante al momento de graduarse de la escuela secundaria, es una persona en transición. El o ella está en el umbral de su vida como adulto o acercándose a éste rápidamente. El mundo de la niñez ha quedado atrás definitivamente. Pasar de la infancia hacia la edad adulta ha implicado ansiedad, momentos de vergüenza y los primeros pasos temerosos hacia la identidad sexual, la independencia, el primer amor, el primer trabajo, y en muchos casos, hasta la primera ausencia prolongada del hogar. También ha implicado el desarrollo físico, emocional y mental que destacaron las fortalezas, las habilidades y las características que sus compañeros y los adultos empiezan a apreciar. Durante esos cuatro o cinco años anteriores a la graduación, el adolescente comienza a darse cuenta de que él puede hacer algunas cosas bien, y algunas veces, muy bien, tales como jugar deportes, actuar, redactar, resolver los problemas matemáticos, conducir o reparar autos, tocar música, ganar dinero. También ha tenido fracasos y decepciones. Sin embargo, aun éstos le han ayudado en su camino hacia la madurez.

Al graduarse, el estudiante de un colegio jesuita ha superado durante esos años muchas de las superficialidades de la adolescencia, fluctuando entre alzas y bajas de temor y confianza, amor y soledad, confusión y éxito. Por otra parte, el graduado no ha alcanzado la madurez del estudiante en su último año de universidad. Especialmente durante su cuarto año de escuela secundaria comienza a despertar a la complejidad del mundo del adulto, descubriendo muchas cosas desconcertantes. No comprende por qué los adultos no cumplen sus promesas, cómo "opera" la economía, por qué hay guerras, ni qué es el poder y cómo debería usarse. Pero ya tiene la suficiente madurez para comenzar a plantearse preguntas al respecto. Por eso, según comienzan a asentarse algunas de las inquietudes internas de los escasos años transcurridos, mira al mundo del adulto con un sentido de asombro, como con un deseo creciente de entrar en ese mundo, pero sin comprenderlo aún. Se siente cada vez más confiado y seguro entre sus compañeros; conoce el terreno, por así decirlo, de la cultura de los jóvenes; puede captar más fácilmente las ideas de esa cultura, lo que se espera de él en una situación dada y es lo suficientemente independiente para escoger su respuesta. Sin embargo, para el mundo del adulto, es aún una "persona situada en el umbral", que está entrando con cautela, un inmigrante ansioso de encontrar su camino.

Para describir al graduado bajo cinco categorías generales, hemos seleccionado las cualidades que parecen más deseables, no solamente para este período del umbral, sino para su vida adulta. Estas cinco categorías generales reúnen las características o áreas de la vida que coinciden más con lo que debe ser una vida cristiana de un adulto. Bien sea que uno conciba las cualidades de un graduado de un colegio jesuita bajo la rúbrica de "hombre y mujeres para los demás" de "hombres y mujeres para servir", como una "persona de Vaticano II", o simplemente como un cristiano completamente maduro, las cualidades que se exponen más adelante (dando por sentado que no están completamente desarrolladas al final de la adolescencia), parecen ser aquellas cuya suma apunta en la dirección de la clase de persona que puede vivir una vida adulta cristiana al final del siglo XX.

Las categorías son: I. Abierto al desarrollo, II. Intelectualmente competente, III. Religioso, IV. Que ama y V. Comprometido con hacer justicia. Algunos elementos específicos del perfil del graduado que aquí presentamos podrían situarse bajo alguna otra de las cinco categorías. Obviamente, todas las características descritas están en una interacción dinámica; el dividirlas en cinco categorías provee simplemente un modo conveniente para analizar y describir al graduado. Muchas de estas cualidades se relacionan mutuamente, por lo que es evidente que están entrelazadas.

1. Abierto al desarrollo

Al graduarse, el estudiante de un colegio jesuita, ha madurado como persona: emocional, intelectual, física, social, y religiosamente hasta un nivel que refleja cierta responsabilidad intencional por su desarrollo (contraria a la actividad pasiva, desorientada, de laissez faire que mostraba hasta ahora). Por lo menos, el graduado está empezando una búsqueda para alcanzar su desarrollo pleno, buscando oportunidades para ampliar su mente, imaginación, sentimientos y conciencia religiosa.

2. Intelectualmente competente

Al llegar el momento de graduarse, el estudiante de un colegio jesuita mostrará un dominio apropiado de las herramientas fundamentales del aprendizaje y está en camino de pulir sus habilidades intelectuales incipientes con miras a un conocimiento más profundo. Ya comienza a ver la necesidad de la integridad intelectual en otras áreas que le preocupan, tales como la búsqueda de la verdad religiosa y de la justicia social.

3. Religioso

Al llegar a la etapa de graduarse, el estudiante de un colegio jesuita tendrá un conocimiento básico de las principales doctrinas y prácticas de la Iglesia Católica. Habrá examinado también sus propios sentimientos religiosos y creencias con el objetivo de escoger su orientación fundamental hacia Dios y su relación con una tradición y/o comunidad religiosa. Lo que decimos aquí se aplica al graduado no católico de un colegio jesuita en lo referente a la conciencia y los antecedentes religiosos del individuo. Naturalmente el nivel de entendimiento teológico de un graduado de un colegio jesuita está limitado por su nivel de desarrollo religioso y humano.

4. Que ama

Al graduarse, el estudiante de un colegio jesuita está bien encaminado a establecer su propia identidad. También está en el umbral de ser capaz de echar a un lado su interés propio o el egocentrismo en su relación con aquellos que signifiquen algo más para él. En otras palabras, está aprendiendo a tomar el riesgo de relacionarse a un nivel donde pueda abrirse y darse a conocer y al mismo tiempo aceptar el misterio de otra persona y quererla. Sin embargo, sus intentos en el amor son torpes todavía y relativamente superficiales; ya ha dejado atrás la niñez definitivamente, pero aún no ha llegado a la confianza y a la libertad de una persona madura.

5. Comprometido a hacer justicia

Al graduarse, el estudiante de un colegio jesuita ya ha adquirido bastante conocimiento de las necesidades que tienen las comunidades locales así como otras más extensas y se está preparando para el día en que ocupará un lugar en esas comunidades como miembro competente y responsable. El graduado reconoce dentro de sí el potencial para cometer injusticias y ha empezado a ver injusticias en algunas de las estructuras sociales que lo rodean. Ha empezado a adquirir las destrezas y las motivaciones necesarias para vivir su compromiso con la justicia social. Aunque este atributo rendirá fruto en la edad adulta madura, algunas características comenzarán a manifestarse temprano.

Conclusión

Al presentar este perfil de un estudiante, debe reconocerse también que la influencia del colegio en su desarrollo es limitada. Otras influencias, con frecuencia fuera del control del colegio, como la familia, amigos, la cultura de la juventud y el ambiente social general en el que uno vive, impedirán o fomentarán el desarrollo del estudiante. Pero hasta donde el colegio pueda deliberadamente contribuir con sus recursos para permitir que se fomente el desarrollo del estudiante en la dirección del perfil ideal, deberá hacerlo.

Reconocemos que al presentar este perfil del graduado ideal, estamos sugiriendo que esta es la meta legítima y necesaria para un colegio jesuita.

La meta de influir en el desarrollo del estudiante en todas las cinco áreas descritas en el perfil significará, para algunos colegios, mucha más atención a las actividades de formación a través de la totalidad del programa escolar, así como la introducción o reestructuración de cierto material académico del currículum.

Significará, para todos los colegios, una integración más cabal de los intereses de formación con los intereses académicos mientras el colegio trata de fomentar el desarrollo de una persona cristiana en su totalidad durante sus años de adolescente en el mismo.

Movimientos Apostólicos

Los movimientos apostólicos hacen parte de la pastoral diferenciada que el Colegio desarrolla con sus alumnos y alumnas y están dirigidos a aquellos que quieran dar un "más". Ellos se organizan así: MEI, Movimiento Eucarístico Ignaciano, para los alumnos y alumnas de 11 a 12 años, "Horneros" para los de 13, 14, 15 años y "Castores" para los de 16, 17y 18 años y poseen una línea de proyección y continuidad, de la espiritualidad ignaciana a través de la CVX, Comunidades de Vida Cristiana.
Los orígenes de CASTORES se remontan al 30 de julio de 1957 y funciona en un espacio especial que es la casa de Ramón Cabré, que alude al jesuita que en su trabajo entre los marginados en el siglo pasado, se ganó el título de Apóstol de los pobres, como lo atestigua la placa que aún perdura en el Hospital Maciel.
La impronta de estos movimientos es el servicio a los más necesitados. En los primeros estadios las actividades son de carácter masivo y a medida que se avanza  en edad y en el compromiso de respuesta, se fomenta la creación de pequeños grupos incentivando la dimensión comunitaria. Cuando llegan a la etapa de Castores, ya formalmente se reúnen en grupos de doce o quince personas.

Actividades de Movimientos ApostólicosA través de las distintas etapas son muchas las oportunidades de contacto y servicio con instituciones y organismos públicos y privados. Sean éstos Escuelas Públicas, Mevir, Gurises Unidos, Merenderos, FUCVAM, Cottolengo Don Orione, Parroquias de barrios carenciados, La Huella (Granja Hogar que nació hace 20 años desde el mismo Castores).
Los programas de los movimientos, MEI, Horneros y Castores se encuentran integrados al resto de la planificación de la actividad pastoral y la coordinación de los mismos se realiza desde la Vicerrectoría por medio de reuniones periódicas y por la participación de ésta en las actividades regulares de los movimientos (jornadas, campamentos, retiros).
Presentamos en esta sección Perfiles, la Ley del Hornero y las Pinceladas del Castor, textos que en forma sintética presentan el espíritu y la mística que pretendemos encarnen y descubran nuestros muchachos y muchachas a través de la experiencia de integrarse a estos movimientos.

Ley del Hornero

· El Hornero tiene brazos largos y lengua corta.
· El hornero tiene los ojos abiertos y limpios.
· El Hornero busca siempre compañeros.
· El Hornero es hermano del que sufre.
· El Hornero comparte con todos lo mejor que tiene.
· El Hornero construye con Cristo un mundo mejor.

Pinceladas del Castor

· El Castor ama la vida, por eso ama profundamente la libertad y la justicia, combate la maldad, el egoísmo y la mentira.
· El Castor se comunica con los demás en el trabajo: tiene lengua corta y brazos largos.
· El Castor vive y se compromete en grupo.
· El Castor reflexiona siempre su acción.
· El Castor se pone siempre junto al desesperado, trabaja siempre con él hasta que recupere la esperanza.
· El Castor es sensible y aprende de las personas con las cuales trabaja.
· El Castor es fiel con sus compañeros y se da entero por ellos.
· El Castor busca formarse seriamente para un servicio eficaz.
· El Castor tiene un estilo de vida sencillo y austero.
· El Castor tiene confianza en sí mismo y en el hombre.
· El Castor ve a Cristo en cada uno de sus hermanos y le presta al Señor sus manos para que se haga Hombre.

SEMINARIO / Colegio del Sagrado Corazón

© copyright SEMINARIO, 1998