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LA COMPAÑÍA DE JESÚS En 1540, Ignacio de Loyola, junto a los seis primeros compañeros, funda la Compañía de Jesús. Plasmaba así su deseo de servir a Dios y la Iglesia "bajo el Romano Pontífice". La nueva Orden se fundaba para "la defensa y propagación de la fe y el provecho de las almas en la vida y doctrina cristiana. Para pacificar a los desavenidos, socorrer y servir con obras de caridad a presos y enfermos y para la prestación de cualquier servicio a la Iglesia que contribuyera a la gloria de Dios y al bien universal".
Pocos años después, los jesuitas se hallaban repartidos por Europa, India, Japón, Brasil, Etiopía, etc., trabajando en Colegios y Hospitales Cárceles y Misiones, como teólogos y científicos, desarrollando los apostolados que la Iglesia les pedía. Hoy, a fines del siglo XX, 25.000 jesuitas continúan la obra de Ignacio en todos los lugares a que la Iglesia los envía, en 114 países. Fiel a lo mejor de su tradición originaria, la Compañía de Jesús ha definido hoy su misión a la luz del Concilio Vaticano II y de los signos de los tiempos en la Iglesia y en el mundo, expresándola así la Congregación General XXXII: "Comprometerse bajo el estandarte de la Cruz en la lucha crucial de nuestro tiempo: la lucha por la fe y la lucha por la justicia que la misma fe exige". Y al preguntarse por el
significado del ser jesuita nos lo presenta como el "reconocer que uno
es pecador y, sin embargo, llamado a ser compañero de
Jesús, como lo fue San Ignacio: Ignacio, que suplicaba
insistentemente a la Virgen Santísima que lo pusiera con su
hijo y que vio un día al Padre mismo pedir a
Jesús que aceptara a Ignacio en su
compañía |
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