| APOSTOLADO DE FRONTERA
Extractado del
discurso P. General P. Kolvenvach SJ Llamados a
trascender las Fronteras Las fronteras geográficas son apenas una de las manifestaciones de los límites con los que se encuentra o se le imponen a las personas humanas y a los pueblos que habitan la tierra. Topamos con muchas otras fronteras en nuestra vida: Fronteras de tipo intelectual, fronteras culturales y socioeconómicas, fronteras personales de la psicología de cada uno, fronteras espirituales que nos impiden acercarnos a Dios. El misterio de la encarnación que inspira nuestra vida cristiana es, como revelación de Dios, el camino que se nos señala para trascender las fronteras como obstáculos al crecimiento del amor que inspira la justicia del Reino de dios. El nacimiento del niño Dios trasciende las fronteras de lo posible al entendimiento humano, va más allá de lo que el pueblo ansiaba como Salvador, impulsa el crecimiento de la relación hombre-mujer cuando hace maravillas en María y José de Nazareth, rompe las barreras sociales porque recostado en el pesebre es reconocido por los pastores, abre las fronteras de Israel al ser adorado por los Magos de Oriente, supera la frontera de la vida y la muerte en su resurrección de la que se deriva la misión de anunciar a todos los pueblos la Buena Noticia. Llamarnos cristianos y discípulos de Jesucristo nos pone, pues, en el camino de trascender fronteras. Esa fue también la experiencia de Ignacio de Loyola. San ignacio de Loyola
y la Primera Frontera En este ambiente de fronteras exteriores que desaparecen, la experiencia fundamental de Ignacio de Loyola fue la del derrumbamiento previo y capital de sus fronteras interiores, el paso de sus "vanos deseos" a la experiencia de descubrir que "todas las cosas le parecían nuevas" como él mismo dice en su autobiografía. En un encuentro "inmediato", sin fronteras, con Dios descubre que las fronteras últimas y más difíciles de superar son las fronteras del corazón que se interponen entre Dios y nosotros mismos, y entre nosotros unos y otros. San Ignacio, en sus famosos Ejercicios Espirituales, tiene esta experiencia de la liberación de las fronteras de su corazón. Y rebasadas éstas experimenta lleno de asombro que puede encontrar a Dios en todas las cosas, y que ya no puede detener más el deseo de ayudar a sus prójimos, de dedicar la vida al servicio de los demás. Una vez desaparecidas esas fronteras del corazón se siente ya un poco como Cristo, en capacidad de acompañarle para "hacer redención" del género humano. Esa es la experiencia fundamental de frontera de la que nace la Compañía de Jesús, y de la que nace uno de los movimientos renovadores más importantes de la edad moderna de la Iglesia. Pero esta es también una experiencia abierta hoy al cristiano que quiera experimentar a Dios inmediatamente, sin frontera. La
Compañía de Jesús y el Apostolado de
Frontera Esta fue la intuición de Ignacio de Loyola: crear personas libres, capaces de superar situaciones de alto riesgo, al rebasar la primera frontera del corazón. El ser humano unificado interiormente se encuentra en capacidad de servicio para rebasar también las fronteras geografías, económicas, políticas, raciales, culturales. Puede ofrecerse entonces a Cristo para acompañarle en la empresa de establecer el Reinado de Dios en este mundo. La reciente Congregación General señala como una de las características del modo de ser de los jesuitas el "estar siempre disponibles a nuevas misiones". Uno de los primeros jesuitas, el P. Jerónimo Nadal, al promulgar las Constituciones escritas por el propio San Ignacio de Loyola se pregunta " ¿Por qué hay jesuitas si ya hay sacerdotes diocesanos y obispos? Y contesta simplemente que la razón de existir de los jesuitas es acudir donde las necesidades están desatendidas" ( CG 34d. 26, 22). Es decir, en las fronteras. Están llamados a un apostolado de fronteras. Su modo de ser les lleva a estar presente en situaciones humanas en las que se necesita abrir espacio a la Buena Noticia de la llegada del Reino de la Justicia, la Paz y el amor. El Santo Padre varias veces ha
recordado a los jesuitas su misión de
llevar el corazón de la Iglesia a las fronteras de la
evangelización del mundo, " en los campos más
difíciles y de vanguardia, en las encrucijadas de las
ideologías, en las trincheras sociales, allí
donde ha estado y donde esté el choque entre las exigencias
más candentes del hombre y el perenne mensaje del Evangelio"
(Pablo VI. Juan Pablo II) |
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