Archive for enero, 2011

Carnet de ruta, meditaciones para la mochila- Luis Pérez Aguirre, s.j.

Martes, enero 25th, 2011

A los 12 años de su fallecimiento (1941 – 2001)

La Naturaleza

“La vida artificial de la ciudad, en que todo está desnaturalizado, fabricado y enormemente manipulado, nos hace perder el contacto con la naturaleza intacta, esa naturaleza que es un Evangelio constantemente abierto ante nuestros ojos, la mensajera de la Buena Noticia de que la vida terrestre no es un absurdo, sino la partida hacia ese realismo lleno de alegría, símbolo de una resurrección que sobrepasa la muerte.

La naturaleza está saliendo incansablemente de las manos de Dios. Es una constante creación a la que colabora el hombre con su trabajo, ingenio y esfuerzo.

Ella le ha sido entregada al hombre para que la conquiste, la domine, la domestique y la utilice en su propio bien. Pero es también una puerta abierta hacia la contemplación del Creador maravilloso que está detrás de cada una de sus criaturas.

La vida ruda en contacto con la naturaleza tiene un carácter regenerador, quita de nosotros todo lo artificial a que estábamos acostumbrados y nos da el verdadero valor de lo esencial.

“Hay que pasar por el desierto y acampar en él para recibir la gracia de Dios. Es allí donde eliminamos de nosotros todo lo que no es de Dios”, decía Charles de Foucauld.

Nuestro mundo es el de la distracción, en el sentido que se opone a concentración. Ya no tenemos tiempo para encontrarnos con nosotros mismos, con los demás. Ya no tenemos tiempo para mirar la naturaleza, vivimos como ajenos a ella, no sabemos distinguir los distintos árboles, los distintos tipos de flores, de rocas, de animales… y sin embargo la naturaleza es la puerta que nos conduce suavemente a la sobrenatural. Es por los ojos, poniendo atención a todo lo que sea real, como se hace el aprendizaje de la oración verdadera.

No es un escaparse de la realidad concreta de nuestra vida cotidiana, es un situarse en el lugar que nos corresponde en el mundo, pero tenemos que haberlo observado bien antes. Lo sobrenatural no tiene nada de común con lo “maravilloso” o lo “místico”, co-existe con lo ordinario, con lo de cada día.

Albert Camus sentía profundamente todo esto al decir que “damos la espalda a la naturaleza, tenemos vergüenza de la belleza. Nuestras miserables tragedias arrastran olor de escritorio y la sangre que derraman tiene color a tinta rancia. Deliberadamente el mundo ha sido amputado de lo que hace su permanencia: la naturaleza, el mar, la colina, la meditación de las noches”.

La naturaleza es un enorme templo desconocido para el hombre del siglo XX, aunque nos parezca paradójico, y esa enorme alabanza muda solo espera de nosotros una vista atenta para volverse viviente y locuaz.

¿Cómo alabará a Dios la florcita perdida en la altura de la montaña si no tiene nuestra voz?

La fe nos permite mirar el mundo con ojos nuevos. A su luz el mundo se despoja de su máscara para convertirse en algo muy simple pero muy esencial para el hombre, puesto que también lo es para su Creador. Nuestro destino es mirar el mundo tal como lo ve Dios. Si sabemos mirar descubriremos en la naturaleza una parábola inmensa en tecnicolor de las realidades terrestres y eternas. Es un sistema de signos y el hombre de fe descubre el secreto de Dios en el espesor de las cosas. “No vivo de las cosas, sino del sentido de las cosas”, decía Saint Exupéry.

El que no ve en la naturaleza más que una oportunidad de tirarse en el césped a la sombra de un buen árbol y no pensar en nada, está desperdiciando y rehuyendo un tesoro que se le ha confiado. El descanso y la distracción son necesarios, pero no bastan para conducirnos a Dios. También el estudio científico de las realidades naturales es necesario, pero debemos ir más allá para alcanzar lo esencial. No sólo debemos descubrir y dominar la naturaleza, también tenemos que comulgar con ella.

Comulgar con ella es tener ese sentido esencial que nos permite amar lo creado, comprender y aceptar sus lecciones. Es la actitud del joven de espíritu que va a ella buscando algo y vuelve purificado, los ojos llenos de una luz nueva, los oídos llenos de una fantástica melodía, el corazón dilatado y más atento a los demás; pero lo que es más importante, vuelve más orgulloso y consciente de su dignidad de hijo de Dios.

Comulga con la naturaleza el que tiene la actitud de San Francisco de Asís, el autor del Cántico de las creaturas donde el agua, el sol, el viento, el fuego y toda la creación es tratada cariñosamente como una hermana a través de la cual alabamos a Dios.

Tenemos que aprender a orar sobre la belleza, a ser atentos al cántico de las creaturas, porque nuestros corazones “transistorizados” no pueden ni concentrarse ni encontrar al Padre en su creación. Debemos poco a poco llegar a tener un alma vibrante, entusiasta, un alma joven, que nos se canse de leer el poema de la naturaleza. Dios nos está hablando en los colores y en los sonidos, en la vida que palpita sobre nuestro mundo.

Pero la belleza nos debe llevar al amor, sería pasatiempo ridículo quedarnos en una simple necesidad estética.

En el Génesis vemos al hombre inocente dando un nombre a cada cosa, un nombre humano porque para los antiguos el nombre significaba el rol que tenía en el universo, y toda la creación, orientada hacia el hombre adquiría un sentido amistosos y bueno. Quedó librada al hombre y éste con su pecado la desquició. Pero Cristo, el nuevo Adán, quiso participar de esta naturaleza par redimirla e infundirle su espíritu dando a cada cosa un nuevo ser y un nuevo valor, reduciéndola nuevamente a aquel principio luminoso de quien todo dimana. Para eso se encarnó y apareció entre nosotros.

La naturaleza no está hecha para ser destruida o para jugar inconscientemente con ella, sino para su plena realización y perfección en y por el hombre: “el hombre dice San Ignacio- ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor… y las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre”.

Toda la obra de la creación es divina, solo el pecado que viene de los hombres puede introducir en ella el desorden. Dios quiere que respetemos profundamente todo lo que sale de su mano creadora; que aprendamos a ver sus obras con ojos purificados por la fe. Nunca deberíamos proferir sobre la naturaleza palabras vulgares, o profanarla y mutilarla con manos irrespetuosas y sucias que no están regidas por un corazón puro.

La frase de San Agustín sigue siendo valedera a través de los siglos: “Toda tu obra sobre la tierra consiste en curar el ojo de tu corazón a fin de que veas a Dios”. Esta convicción emana de una reflexión profunda sobre una bienaventuranza muy olvidada en nuestros días: “Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios”.

Cada vez que levantemos nuestros ojos bien abiertos para contemplar con gozo la naturaleza que nos rodea e impresiona deberíamos pensar en ese misterio que palpita desde el seno de Dios, el milagro de la existencia: de toda existencia. Y en medio de él sentir la dulzura de nuestra propia existencia y la de todo ser. Cada una en su dimensión especial, la de la piedra, distinta a la de la montaña, la del agua y la de la rosa.

Todo está armonizado en una maravillosa y simple unidad, desde la complejidad del cosmos hasta la de un pétalo de rosa. Todo procede de Dios uno y simple. Su creación refleja esa inefable unidad. En un pétalo el biólogo nos dirá que hay millones y millones de células y el físico nos asombrará aún más haciéndonos notar que en cada una de esas células encontramos los átomos y que cada átomo es una constelación de protón y electrones. Pero sin embargo, el pétalo sigue siendo un pétalo, una simple y maravillosa hojita de la rosa, reflejo de la maravilla que es Dios, “verdad simple y sencilla que ama” nos dice conmovedoramente Fray Luis de León.

Toda la creación, y nosotros como parte de ella, estamos recibiendo del Señor gota a gota la existencia, Ese Señor que con el espíritu de infancia exigido en el Evangelio, juega al crear las maravillas del universo, como juega el músico al expresar su sinfonía y el niño al construir sus castillos de arena. Pero la naturaleza no es un castillo de arena, es una realidad simple y compleja, que deberá ser transformada un momento dado para perdurar como fruto del esfuerzo de Dios y de todos los hombres. Pero mientras tanto sufre como dolores de parto esperando ser transformada, nos dice San Pablo.”

Carnet de Ruta, Meditaciones para la mochila, Montevideo, ediciones Apoce, 1968  p. 107 -112

Luis María Pérez Aguirre, s.j. (Perico) (1941- 2001)

Martes, enero 25th, 2011
10 años del fallecimiento de Perico


fuente: La Huella y Serpaj

Apuntes biográficos sobre Luis Pérez Aguirre

Miembro fundador del HOGAR LA HUELLA y de SERPAJ Uruguay.

Dedicó su vida a la defensa de los derechos humanos.

1941. El 22 de abril en el piso 4 de Ejido 1217, nace Luis María Pérez Aguirre. Es el segundo hijo de Raquel Aguirre Maza y Luis Pérez Villegas. Con los años, serán ocho los hermanos. Es una familia de sólida posición económica. Desarrolla sus estudios de primaria en el Colegio Richard Anderson.

1957. Culmina el cuarto año liceal en el Sagrado Corazón (ex- Seminario). En ese mismo año realiza su primer vuelo solo, como piloto, en el marco de sus clases de aviación. Dos años antes había cruzado la cordillera de los Andes a pie escalando hasta los cinco mil metros.

1961 – 1963. El sacerdote jesuita Luis Montes lo ayuda a procesar su búsqueda interior. Perico diría después que Montes fue clave para asumir que su vocación de compromiso social con el prójimo, debía concretarse por la vía del sacerdocio. La opción es por la Compañía de Jesús. A poco de iniciado el noviciado, sus compañeros comienzan a llamarlo “Perico”, el apodo que lo acompañó el resto de su vida.

1964. Estudia filosofía en Argentina, como parte de su proceso de formación sacerdotal.

1965. Estudia teología en Toronto (Canadá) durante el día y recoge gusanos en el barro por las noches, para una empresa pesquera canadiense, porque no quería que su formación lo alejara del mundo del trabajo. Luego, ingresa como obrero en una laminadora de acero.

1969. Es ordenado diácono, en Toronto.

1970. En julio, es ordenado sacerdote, en Montevideo.

1972. Desarrolla labores en la Casa de la Juventud Ramón Cabré, en Montevideo.

1973. Inicia una acción pastoral en la zona portuaria, en particular desarrolla un trabajo de asistencia y solidaridad con las prostitutas (x). A partir de esta experiencia derivará al trabajo con los niños abandonados.

1975. Es uno de los fundadores de la Granja – Hogar La Huella, ubicada en la periferia de la ciudad de Las Piedra, aunque no reside en ella desde el comienzo, porque, por un lado, estaba encargado de la formación de los estudiantes jesuitas y, por otro, ya había comenzado a tener problemas con el régimen militar.

Perico

1976 – 1982. Es detenido o citado, en numerosas ocasiones, por fuerzas policiales y militares. Lo someten a torturas en la Jefatura de Policía de Montevideo.

1978. Viaja a España y realiza un curso de sociología en la Universidad de Comillas (Santander). A la vuelta de su viaje, los miembros de la comunidad La Huella lo invitan a vivir con ellos. “Pase lo que pase”, le dicen. Pasa a residir en el antiguo gallinero del predio, entonces desafectado.

1980. Participa en el proceso fundacional de la revista pedrense La Plaza, dirigida por Felisberto Carámbula. En ella colaboran, entre muchos otros, José Germán Araujo, Gonzalo y Marcos Carámbula, Manuel Flores Mora, Luis Hierro Gambardella, Oscar López Ballestra, Juan Martín Posadas, Enrique Tarigo y Alberto Zumarán.

1980 – 1984. En el “gallinero” de La Huella, mantiene frecuentes reuniones con dirigentes políticos de viejas y nuevas generaciones. Además de la mayoría de sus ya nombrados compañeros de La Plaza, asisten José Pedro Cardoso, Manuel Flores Silva, Enrique Pintado, Carlos Pita y Víctor Vaillant, entre otros.

1981. Es cofundador de la sección uruguaya del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ).

1982. Es procesado, en marzo, por un artículo suyo publicado en La Plaza, titulado “El guerrero y la paz”, en el que expuso la idea de que una persona que fue entrenada como una prolongación del fusil es la menos indicada para dirigir una sociedad civil, porque en ella hay que buscar y encontrar criterios de paz y conciliación social.

1983. Junto con el también sacerdote Jorge Osorio inicia un ayuno, en la sede del SERPAJ, para pedir la reanudación del diálogo entre el régimen militar y las fuerzas políticas autorizadas, interrumpido por el gobierno. Tres días después se suma al ayuno el pastor metodista Ademar Olivera. La medida dura quince días.

1984. Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz (1980), le ofrece la coordinación latinoamericana del SERPAJ. Contesta que no porque “hubiera tenido que abandonar La Huella e irme a vivir a otro lado”.

1985. La Organización de las Naciones Unidas otorga al SERPAJ la condición de entidad consultiva.

1986. Es condecorado en la embajada de Francia, en Montevideo, como oficial de la Legión de Honor. Comparte esa alta distinción con otros dos uruguayos: la doctora Adela Reta y el contador Enrique Iglesias.

1988. Recibe en Nueva York, junto a otras personalidades, el premio Human Rights Watch. Colabora activamente con las mujeres que crearon ese año el sindicato de prostitutas (Amepu).

1993. La publicación de su libro La Iglesia Increíble (Trilce, Montevideo) provoca un escándalo. Como consecuencia de ello es sometido al régimen de censura eclesiástica por la autoridades de la Iglesia Católica.

1994. Es designado experto independiente del Centro de Derechos Humanos de la ONU, un cargo de confianza del secretario general, el egipcio Boutros Ghali.

1996. Muere en Montevideo el sacerdote jesuita y teólogo Juan Luis Segundo,s.j.,  el hombre al que Perico consideró decisivo para mantener su opción sacerdotal y superar momentos de duda. Segundo era profesor de teología en las universidades de Harvard (Estados Unidos), de Oxford (Gran Bretaña) y de París (Francia). Nunca pudo enseñar teología en Uruguay.

1997. El ghanés Koffi Anan, nuevo secretario general de la ONU, ratifica a Luis Pérez Aguirre en su cargo.

2000. Intervienen discreta y decisivamente en las gestiones que terminarán en el reencuentro de Juan Gelman con su nieta desaparecida.

Es hospitalizado en dos ocasiones en estado delicado. Ya dos años antes había tenido problemas de salud significativos.

Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos lo proponen para integrar la Comisión para la Paz, creada por el presidente Jorge Batlle para esclarecer las desapariciones ocurridas en el país durante la dictadura militar. Por su experiencia recae en sus hombros gran parte de las tareas.

2001. Muere en el balneario costa Azul (Canelones), el jueves 25 de enero en una accidente de tránsito.

Extraído de Desnudo de Seguridades, Trilce, 2001.

(x) Acompañó como sacerdote la obra Magdala fundada por la Sra. Gladys Hughes.

Libros escritos por  Luis Pérez Aguirre, s.j.

Anti – confesiones de un cristiano

Es. Trilce, Montevideo, 1988, tercera edición, 1989, 170 págs.

Carnet de ruta, meditaciones para la mochila

Ed. Apoce, Montevideo, 1968;

Ed Claretiana, Buenos Aires, 1985, 204 págs.

Derechos humanos, pautas para una educación liberadora (junto a Juan José Mosca).

Ed. Mosca Hnos. Montevideo, 1985, 505 págs.

Direitos humanos, pautas para uma educación libertadora (junto a Juan José Mosca).

Editora Vozes, Petrópolis, 1990.

Derechos humanos, pautas para una educación liberadora –edición latinoamericana- (junto a Juan José Mosca).

Ed. Trilce, Montevideo, 1986, 256 págs; México, 1994.

Desnudo de seguridades

Ed. Trilce, Montevideo, 2001, 128 págs.

Juguemos en familia (junto a Graciela Ferreira).

Ed. Bonum, Buenos Aires, 1978, quinta edición 1995, 172 págs.

La condición femenina

Ed. Trilce, Montevideo, 1995, segunda edición 1996, 140 págs; Ed. Lumen, Buenos Aires, 1996.

La iglesia increíble

Ed. Trilce, Montevideo, 1993, octava edición 1994;152 págs; Ed. Nueva Utopía, Madrid, 1994; Ed. Cuarto Propio, Santiago de Chile, 1994; Ed. Lumen, Buenos Aires, 1994.

Glaubwürdigkeit Zurückgewinnen!

Editorial Exodus, Lucerna, 1994.

Incroyable Eglise!

Les Editiones de l’Atelier, París, 1994.

A Igreja em crise

Editora Atica, San Pablo, 1996.

La opción entrañable

Ed. Trilce, Montevideo, 1990, 152 págs; Ed. Paulinas, Bogotá 1991; Sal Terrae, Santander, 1992.

Tout commence par un cri

Les Editiones de l’Atelier, París, 1997.

Manual de juegos, 200 juegos al servicio de la educación (junto a Patricia Rinderknecht).

Ed. Bonum, Buenos Aires, 1976, decimoquinta edición 1994, 206 págs.

Meditaciones cortitas

Ed. Paulinas, Bogotá, 1990; Ed. Paulinas, Caracas, 1990, 1992; Ed. San Pablo, Caracas, 1992, (15.104 ejemplares); Ed. San Pablo, Buenos Aires, 1992, 240 págs.

Mujer de la vida, con dibujos de Pilar González.

Ed. Trilce, Montevideo, 1991, 116 págs.

Para leer la encíclica en clave de Sur (junto a Clodovis Boff)

Ed. Trilce, Montevideo, 1992, 189 págs.

Predicaciones en la plaza

Ed. Paulinas, Montevideo, 1985, 228 págs.

Román Lezama Ojos

Don Orione. Montevideo, 1978, 61 págs.

Si digo derechos humanos

SERPAJ, Montevideo, 1986, 40 págs.

Si quieres la paz…

SERPAJ, Montevideo, 1986, 40 págs.

Teología latinoamericana para la crisis de la vida religiosa

Ed. Guadalupe, Buenos Aires, 1973, 156 págs.

Testigos de Cristo hasta la muerte

SERPAJ, Buenos Aires, 1982.

Una buena noticia sobre el sexo

Ed. Paulinas, Montevideo, 1982, segunda edición 1984, 85 págs.

(Extraído de Luis Pérez Aguirre. Huellas de una vida, de Héctor Luna, Trilce, 1997)

fuente: Página web de La Huella y de Serpaj