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Mark Ward BBC News, Tecnología

Los sistemas informáticos podrían permitir a los servicios de emergencia reaccionar con mayor rapidez.
Los autos pronto podrían llamar, ellos mismos, a los servicios de emergencia en caso de accidente. Los sensores incorporados en los vehículos del futuro también podrían permitir que los servicios de emergencia puedan saber la gravedad del accidente y cuántas personas participaron.
Las predicciones salieron a la luz en un simposio sobre procesadores inteligentes, donde los expertos concluyeron que el creciente número de computadoras de a bordo también podría traer grandes cambios en la forma de conducir.
“El coche, probablemente, será el objeto más computarizado que tengamos en el futuro” según Steve Wainwright, director europeo de Freescale Semiconductor, que fabrica muchos de los chips que van dentro de los sistemas de control de los automóviles.
Según Wainwright, un auto promedio tiene entre 25 y 30 unidades de control electrónico de a bordo y los coches de gama alta contienen hasta 80. Estas pequeñas computadoras controlan la estabilidad, la distribución de energía, la seguridad y muchos sistemas más.
Mejores pilotos

Cada vez más, estos sistemas ayudan a aumentar la habilidad de las personas para conducir y para que esa tendencia continúe las tecnologías como los sistemas de detección de choques y de radar deben volverse más accesibles.
“Todos los que sentimos que somos mejores conductores de lo que éramos hace 10 años, estamos recibiendo más ayuda de la que nos damos cuenta”, dijo el especialista en el Future World Sympoisum, una conferencia organizada por el Instituto Nacional de Microelectrónica del Reino Unido. Los autos eléctricos obligan a controlar la carga con exactitud.
Para Paul Burnley, analista de la empresa de investigación del mercado automotriz SBD, los autos del futuro serán los primeros en reaccionar después de un accidente. Mediante sensores instalados en su interior, podrán enviar datos sobre su ubicación y el número de ocupantes de un automóvil y así permitir a los servicios de urgencia responder con mayor rapidez “y evaluar el riesgo de lesiones graves a los ocupantes”.
Estos sistemas inteligentes para auto serán esenciales a medida que muchos se pasan de los autos de gasolina a los vehículos híbridos y eléctricos, señala Burnley.
La mentalidad de “subirse al auto y que te lleve a donde quieras” se terminará con los autos eléctricos, ya que sólo mediante sensores se puede determinar con exactitud la distancia que puede recorrer el vehículo con la carga que tiene en la batería y la ubicación de la estación de carga más cercana. Steve Wainwright cree que la unificación creciente de los automóviles y las computadoras tiene el potencial de hacer la conducción más segura y más verde.
Ya, dijo, Estados Unidos ha destinado un espectro radioeléctrico para los sistemas de comunicación entre automóviles, lo que sugiere que el futuro habrá más diálogo entre los conductores sobre las condiciones de la carretera. Europa también está considerando qué frecuencia de radio va a utilizar para este tipo de comunicaciones. La apertura de este canal de diálogo podría allanar el camino para que los vehículos estén conectados electrónicamente y viajen juntos en caravana.
Ya han comenzado a aparecer los llamados Sistemas Integrados de Transporte (SIT), capaces de reunir a los vehículos en una caravana, dictarles las rutas a seguir y permitir que el tráfico intenso de las ciudades pueda circular mucho más rápido.
Libertades

Las investigaciones sugieren que el aumento de la velocidad media de vehículos urbanos de 20 a 30 km. por hora podría ahorrar alrededor de 1.900 millones de horas a nivel mundial, explica Wainwright. Sin embargo, dijo, el obstáculo para llegar a estos sistemas de trabajo tiene poco que ver con la tecnología.
Un aumento de la velocidad ahorraría dinero y tiempo. ”Las principales cuestiones claramente no son tecnológicas, sino sociales”, dijo. “Es la libertad de moverse por la carretera en contraste con una ruta predeterminada con algún nivel de control”.
Los SIT podrían hacer que conducir sea más seguro y reducir el número de muertes en la carretera, señala Wainwright, pero sólo si existe la voluntad política para que el sistema funcione. ”Es una cuestión de libertades individuales”, afirma.
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Estamos en 1930: Constantinopla pasa a llamarse oficialmente Estambul, se descubre Plutón y la escritora británica Agatha Christie publica su primera novela de Miss Marple. ¿Y qué más pasó en aquellas fechas? Ese año de 1930, además, está escrito con letras de oro en la historia del balompié, pues fue testigo de la celebración en Uruguay de la primera Copa Mundial de la FIFA.
Un total de 13 equipos, cuatro europeos, ocho sudamericanos y una selección que representaba a Estados Unidos, disputaron el torneo, al que accedieron por invitación y no mediante una fase de clasificación. El sorteo de los grupos no se celebró hasta que las distintas selecciones llegaron a suelo uruguayo. Al final del campeonato, en el que pudo verse un fútbol de inmejorable calidad, fueron los anfitriones quienes superaron a todos sus rivales y levantaron hacia el cielo el trofeo que mostraba la imagen de la diosa griega de la victoria.
Cuatro años más tarde, en Italia, el interés fue mucho mayor: 32 países disputaron una ronda clasificatoria, de la que surgieron los 16 equipos que se enfrentaron en la fase final. Al término del torneo, fueron de nuevo los anfitriones quienes se coronaron campeones.
¿Se cumpliría esa tendencia en la tercera edición de la Copa Mundial, celebrada en Francia? Pues no. Aun cuando los Bleus llegaron a los cuartos de final, cayeron derrotados a manos de los vigentes campeones. La Squadra Azzurra fue quien, el 19 de junio de 1938, volvió a hacerse con el cetro del fútbol mundial por segunda vez consecutiva y se asentó así entre las grandes potencias del deporte rey.
A causa de la Segunda Guerra Mundial, el torneo dejó de celebrarse durante doce años. En 1950, por fin, las mejores selecciones del mundo volvieron a enfrentarse. Se cuenta que, durante toda la guerra, Ottorino Barassi, Vicepresidente de la FIFA, ocultó el trofeo en una caja de zapatos debajo de su cama. Por otro lado, en honor del Presidente de la FIFA, Jules Rimet, que durante el conflicto había hecho cuanto estaba en su mano para mantener intacto el espíritu del fútbol, la estatuílla de la Copa Mundial había pasado a denominarse en 1946 ”Trofeo Jules Rimet”.
En 1950 fueron de nuevo 13 equipos los que disputaron el campeonato celebrado en Brasil. Tras una liguilla, la anfitriona, Suecia, España y Uruguay llegaron a la ronda final. La Canarinha precisaba un solo punto en su partido contra Uruguay, pero cayó derrotada por 1-2 ante los cerca de 200.000 espectadores que abarrotaban el estadio Maracanã de Río de Janeiro, en una de las mayores sorpresas de la historia de las Copas Mundiales.
La segunda sensación no se hizo esperar demasiado. Cuatro años más tarde se produjo el llamado “milagro de Berna”: la selección de la República Federal de Alemania ganó la Copa Mundial de 1954, celebrada en Suiza. Allí, el once entrenado por Sepp Herberger se impuso por 3-2 a la todopoderosa Hungría. Ese campeonato, además, fue el primero en el que todos los jugadores lucieron un dorsal en sus camisetas.
La Copa de 1954 fue un éxito sin precedentes: en la fase de clasificación se logró un nuevo récord de participantes. La Confederación Asiática de Fútbol, fundada ese año, envió a dos representantes, Japón y Corea. Y África, a su vez, contó con la presencia de Egipto en un torneo que ya podía llamarse mundial con toda propiedad. En total fueron 16 las selecciones que se citaron en la fase final, disputada en suelo helvético, tres más que en Brasil en la edición anterior. Ese número de equipos permanecería inalterable hasta la Copa Mundial de 1982, celebrada en España, donde se elevó hasta los 24 participantes.
La cita de 1958 en Suecia giró en torno a un joven de apenas 17 años, apodado Pelé, que se coronó campeón de la Copa Mundial con Brasil por primera vez. El francés Just Fontaine anotó 13 goles en el certamen, un récord que aún hoy continúa vigente. Ese año se disputó también el primer partido en la historia del campeonato que terminó con un marcador de 0-0: un Inglaterra-Brasil. Por primera vez, además, se retransmitió el evento a todo el mundo.
Brasil se proclamó campeona de nuevo en Chile, cuatro años más tarde, y 1966 fue testigo de una nueva victoria de una selección anfitriona: la coronación de Inglaterra desató la alegría de los inventores del fútbol.
En México 1970, la Seleção ganó su tercer título y, por primera vez en la historia, se llevó en propiedad el Trofeo Jules Rimet a Sudamérica. En aquella cita no fue expulsado ningún jugador, con lo que se igualó el récord de juego limpio de 1950. Además, se introdujeron las sustituciones y se adoptó el uso de las tarjetas amarilla y roja. Otra de las novedades de la 9ª edición del campeonato fue la retransmisión de los partidos en color.
La RF de Alemania se hizo con el nuevo trofeo de la Copa Mundial de la FIFA en la cumbre celebrada en su país en 1974. Allí se pudo disfrutar del inconfundible “fútbol total”, el estilo ofensivo practicado por una selección holandesa comandada por Johan Cruyff y Johan Neeskens que se quedó a las puertas de la victoria.
Otra potencia futbolística, que había contado con poco reconocimiento en el mapa del balompié, vio cómo las cosas habrían de cambiar en 1978: Argentina no solo dio la bienvenida a las mejores selecciones en su país, sino que además logró levantar el codiciado trofeo por primera vez en su historia. Una curiosidad: a pesar de que cuatro años más tarde la fase final del certamen contó con 24 equipos, la elegante Holanda, subcampeona en 1974 y 1978, no estuvo entre ellos.
Lo que es Pelé para Brasil, lo es sin duda Diego Maradona para Argentina. El Pelusa llevaría a laAlbiceleste en México 1986 a su segundo título mundial y, cuatro años más tarde, a la final contra Alemania. Sin embargo, sería la Mannschaft, dirigida por Franz Beckenbauer, quien tendría el honor, al igual que Brasil e Italia, de llamarse tricampeona desde ese momento. Argentina se convirtió en la primera selección incapaz de marcar ni un solo gol en una final y terminó el partido, también por primera vez en la historia de las Copas Mundiales, con nueve jugadores, debido a dos expulsiones.
En Estados Unidos 1994, 147 países tomaron parte en la competición preliminar de la Copa Mundial, un nuevo récord hasta entonces. De ellos, 24 se aseguraron el billete para la fase final. Por primera vez, la final de la prueba reina tuvo que decidirse en la tanda de penales: Brasil derrotó a Italia y se convirtió en el primer tetracampeón del mundo.
Las siguientes ediciones sirvieron para establecer nuevos récords: la 16ª edición de la Copa Mundial de la FIFA 1998 fue el torneo más grande de todos los tiempos. La fase final contó con 32 países y se disputaron 64 encuentros. Zinédine Zidane llevó a la anfitriona Francia a una victoria histórica.
Gracias a su quinto título, obtenido en Asia, Brasil es la única selección que puede gloriarse de haber ganado la Copa Mundial de la FIFA en todos los continentes en que se ha celebrado. En 2006, las tricampeonas Italia y Alemania se vieron las caras en semifinales y, tras derrotar a los anfitriones, el equipo capitaneado por Fabio Cannavaro se impuso a Francia en el último partido en la tanda de penales para añadir una cuarta estrella a su camiseta.
¿Y 2010? Parece inevitable que se establezcan nuevos récords y se escriban anécdotas indelebles: por fin se celebra una fase final en suelo africano. ¿Logrará Brasil su sexto título y en otro continente? ¿Conseguirá igualar Italia a la Canarinha con cinco coronas? ¿Habrá llegado acaso la hora de hacer historia en el mundo del fútbol para alguna selección de África? Ocurra lo que ocurra, todo está listo, ¡y apenas quedan unos días para el partido inaugural!
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La primera imagen que captó el telescopio Trappist fue de la Nebulosa de la Tarántula.
Un nuevo telescopio robótico diseñado para estudiar planetas fuera de nuestro sistema solar logró captar su primera imagen.
Aunque está basado en Chile, el telescopio TRAPPIST (siglas en inglés de Pequeño Telescopio de Planetas y Planetesimales en Tránsito), es operado desde una sala de control en Bélgica, a 12.000 kilómetros de distancia.
Además de detectar y clasificar a los llamados exoplanetas, el Trappist también estudiará a cometas que orbitan alrededor de nuestro sol.
El telescopio de 0,6 m. totalmente automatizado está basado en el Observatorio de La Silla, en el desierto de Atacama.
“Los planetas terrestres similares a nuestra Tierra son objetivos obvios para la búsqueda de vida fuera de nuestro sistema solar” dijo a la BBC Emmanuel Jehin, uno de los astrónomos que participa en el proyecto.
“Y se sospecha que los cometas han jugado un papel importante en la aparición y desarrollo de la vida en nuestro planeta” agrega.
La primera imagen del Trappist -que los astrónomos califican de extraordinaria- muestra a la Nebulosa de la Tarántula localizada en la Gran Nube de Magallanes (GNM), una de las galaxias más cercanas a la nuestra.
La nebulosa, que mide unos 1.000 años luz de diámetro, fue llamada así debido al arreglo de parches brillantes que contiene y que parecen las patas de una tarántula.
El Trappist estudiará a los exoplanetas midiendo con alta precisión las “depresiones brillantes” que pueden ser causadas por objetos que transitan frente a su estrella.
El Trappist es un telescopio relativamente ligero.
Durante estos trayectos, la brillantez que se observa en la estrella disminuye ligeramente debido a que el planeta bloquea una parte de la luz estelar.
Entre más grande el planeta, más luz queda bloqueada y mayor la disminución de brillantez en la estrella.
El telescopio es operado por el Observatorio Europeo Austral (ESO) -la principal organización astronómica europea- que también se encarga del Telescopio Muy Grande (VLT).
El Trappist se unirá a otros dos instrumentos cazadores de planetas en La Silla: llamados HARPS y CORALIE.
“El Observatorio de La Silla de la ESO en los alrededores del desierto de Atacama ciertamente es uno de los mejores sitios astronómicos del mundo” afirma Michael Gillon, quien dirige la investigación de exoplanetas del Trappist.
“Y debido a que allí ya se encuentran otros dos extraordinarios cazadores de exoplanetas, no podríamos haber encontrado un mejor lugar para instalar nuestro telescopio robótico” agrega.
El nuevo instrumento cuenta con filtros especiales que pemitirán a los astrónomos estudiar con regularidad y en detalle la expulsión de varios tipos de moléculas en los cometas durnate su viaje alrededor del sol”, dice el experto.
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La TV tiene un impacto en el desempeño escolar y en los hábitos de salud del niño.
Entre más televisión ve un niño de dos años, mayores son las probabilidades de que tenga un mal desempeño en la escuela y una mala salud al cumplir diez años.
Ésa es la conclusión de una investigación con más de 1.300 niños llevada a cabo por científicos de las universidades de Michigan, en Estados Unidos, y Montreal, en Canadá.
Según el estudio publicado en Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine (Archivos de Pediatría y Medicina Adolescente), por cada hora de televisión que ven los niños, peor el desempeño académico y mayor el consumo de comida chatarra.
“Encontramos que cada hora adicional de exposición a la TV entre niños pequeños correspondía con una futura reducción en la participación escolar y el éxito en matemática, un incremento en el acoso por parte de los compañeros, una vida más sedentaria, un alto consumo de productos chatarra y eventualmente un mayor índice de masa corporal”, explica la doctora Linda Pagani, quien dirigió la investigación.
El objetivo del estudio era determinar el impacto de la exposición a la televisión entre niños de dos años en su futuro éxito académico, su estilo de vida y su bienestar general.
Se les pidió a los padres que respondieran cuestionarios de cuánta TV veían sus hijos a los 29 meses de edad (dos años y cinco meses) y nuevamente a los 53 meses (cuatro años y cinco meses).
La primera infancia es un período crítico para el desarrollo cerebral y la formación de la conducta. Los altos niveles de consumo de TV durante este período pueden conducir a hábitos perjudiciales para la salud
Dra. Linda Pagani
En promedio, dicen los científicos, los pequeños de dos años veían poco menos de nueve horas de televisión a la semana, mientras que a los cuatro años el promedio era de menos de 15 horas.
Pero 11% de los niños de dos años y 23% de los de cuatro años veían más del límite máximo recomendado (dos horas al día).
Los investigadores llevaron a cabo un seguimiento cuando los pequeños cumplieron diez años y se les solicitó a los maestros que evaluaran su desempeño académico y psicosocial y sus hábitos de salud y que midieran su índice de masa corporal (IMC).
Los resultados mostraron que quienes veían más televisión a los dos años tuvieron menores niveles de participación en el salón de clases y menores calificaciones en matemática.
También se encontró una reducción en la actividad física general y un aumento en el consumo de bebidas gaseosas y en el IMC.
Tal como expresa la doctora Pagani, “la primera infancia es un período crítico para el desarrollo cerebral y la formación de la conducta”.
“Los altos niveles de consumo de TV durante este período pueden conducir a hábitos perjudiciales para la salud”.
Los niños que veían más TV tuvieron peor desempeño escolar.
“El sentido común sugeriría que la exposición a la televisión reemplaza el tiempo que el niño podría pasar comprometido en otras actividades más enriquecedoras y en tareas que mejoren su desarrollo cognitivo, conductual y motor”, dice la investigadora.
Y agrega: “Esperábamos que el impacto de la TV en la primera infancia desaparecería cuando el niño cumpliera siete años, pero es bastante desalentador el hecho de que los resultados negativos continúen hasta los diez años”.
“Nuestro estudio presenta un argumento de salud pública muy convincente contra la exposición excesiva a la TV en la primera infancia”, expresa la doctora Pagani.
El Fondo Nacional de Alfabetismo del Reino Unido afirma que “mientras no se compruebe que los niños menores de dos años pueden beneficiarse con la TV, los padres deben limitar esta exposición y promover otras actividades como conversaciones, lecturas compartidas o juegos imaginativos”.
Pero agrega que también es posible “fomentar la exposición a programas de televisión de alta calidad, educativos y adecuados para la edad del niño desde los dos a los cinco años”.
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