Archive for the ‘Cristianismo’ Category

“Nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción” Francisco

Jueves, marzo 28th, 2013

Celebración de la Misa Crismal del santo padre Francisco en la basílica de San Pedro

Ciudad del Vaticano, 28 de marzo de 2013 (Zenit.org) Rocío Lancho García

Pocos minutos antes de las  9:30 de la mañana, el santo padre ha entrado en la basílica de San Pedro para presidir la Misa Crismal. La misa es concelebrada por el santo padre con los cardenales, los obispos y unos 1600 presbíteros entre diocesanos y religiosos, presentes en Roma.

Durante esta celebración los sacerdotes renuevan las promesas hechas en el momento de la sagrada ordenación y se bendicen el óleo de los enfermos, el óleo de los catecúmenos y el Crisma, contenidos en seis ánforas.

El papa Francisco ha explicado como las lecturas de hablan de “ungidos”, Isaías, David y Jesús. La unción que los tres reciben es para ungir al pueblo fiel de Dios al que sirven; su unción es para los pobres, para los cautivos, para los oprimidos”

Ha continuado explicando algunos símbolos que acompañan al sacerdote, sobre la vestimenta ha afirmado que “significa que el sacerdote celebra cargando sobre sus hombros al pueblo que se le ha confiado y llevando sus nombres grabados en el corazón” y ha añadido que “al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el corazón el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros mártires”. De la belleza de la litúrgico, ha dicho que “no es puro adorno” sino ” presencia de la gloria de nuestro Dios resplandeciente en su pueblo vivo y consolado”. “La unción, queridos hermanos, no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite y amargo el corazón”, ha añadido.

El santo padre ha recordado que “nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana” y que  los sacerdotes “somos mediadores entre Dios y los hombres” por lo que les ha invitado a ser “pastores con olor a oveja” y a “salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones”

Sobre la crisis de identidad sacerdotal, Francisco ha animado “meternos mar adentro en nombre del Señor y echar las redes”. El papa ha apelado también a los fieles y les ha dicho “acompañad a vuestros sacerdotes con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios”.

Para finalizar la homilía, ha pedido que “Dios Padre renueve en nosotros el Espíritu de Santidad con que hemos sido ungidos, que lo renueve en nuestro corazón de tal manera que la unción llegue a todos, también a las «periferias», allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora. Que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor”.

Por otra parte, el óleo para la celebración de la Misa Crismal ha sido una donación de la cooperativa “Arte y Alimentación SL” de Castelseras, Aragón, en España. Las sustancias perfumadas para confeccionar el Crisma han puesto en el óleo por el diácono antes de la oración de la bendición.

Después de la celebración los óleos se llevan a la Catedral de Roma, San Juan de Letrán, desde donde se distribuirán a los sacerdotes de la diócesis romana para la administración de los sacramentos durante el año.

En la columna de la Confesión se ha colocado una estatua de madera de la Virgen con el Niño. Esta estatua, conservada en los Museos Vaticanos, es una donación a Pablo VI del entonces presidente del Brasil Joao Goulart  en ocasión de su elección en 1963. La obra, de la escuela brasileña es del siglo XVIII y representa a Nuestra Señora de Montserrat.

“Hacen falta pastores con olor a oveja” Francisco

Jueves, marzo 28th, 2013

Declaraciones del cardenal Bergoglio pocos días antes de ir a Roma para el Cónclave

Ciudad del Vaticano, 22 de marzo de 2013 (Zenit.org)

El padre Ángel Strada, en el programa Alianza de amor de la radio del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, habla sobre el encuentro que tuvieron con el cardenal Bergoglio en la reunión anual de sacerdotes de este movimiento de Argentina y Paraguay, días antes de dar comienzo el cónclave.

El padre Strada reconoce la gran sorpresa con la que recibieron la noticia de que el cardenal Bergoglio había sido elegido papa, ya que los medios de comunicación no le daban como “candidato” por la edad que tiene, aunque el padre Strada admite que los que le conocen sabían que era un gran candidato por sus cualidades. “El nombre que él ha elegido ya es un programa, Francisco fue un Evangelio vivido”, dice en la entrevista.

A continuación, cuenta cómo los padres que trabajan en Argentina, Paraguay y Uruguay se reúnen anualmente, y siempre tienen la inquietud de invitar a ese encuentro, que dura varios días, a alguna personalidad para enriquecer, intercambiar y dar a conocer la comunidad de Schoenstatt. Seis meses antes ya pensaron en el cardenal Bergoglio por el aprecio que le tienen y porque pensaban que por la edad ya iba a presentar su renuncia. El mismo cardenal llamó a la comunidad para avisarles que él viajaba al cónclave pero que el encuentro no se suspendía y que les esperaba el sábado 23 de febrero por la mañana en la curia de Buenos Aires. “Nos dijo que no iba a dar ninguna conferencia, que le hiciéramos preguntas y que quería que intercambiáramos”, cuenta.

Una de las preguntas que le hicieron fue qué perfil debería tener el nuevo papa. El cardenal Bergoglio les respondió: “Les voy a decir cosas evidentes pero son las cosas en las que yo creo. Primero, tiene que ser un hombre de oración, un hombre profundamente vinculado a Dios. Segundo, tiene que ser una persona que cree profundamente que el dueño de la Iglesia es Jesucristo y no él y que Jesucristo es el Señor de la historia. Tercero, un buen obispo. Debe ser un hombre que sabe cuidar, acoger, tierno con las personas, que sabe crear comunión. Y cuarto, debe ser un hombre ahora que ayude a reformar la Curia”. Sin quererlo, continua el padre Ángel, hizo una descripción de sí mismo. Es “un gran don del cielo que el cónclave le haya elegido”, añade.

Hablando a nivel más personal, Strada cuenta lo que sintió cuando se despidió de él. “Me preguntó cómo iba la causa de la canonización del padre Kentenich (fundador del movimiento) y cuando nos despedimos pensé qué lástima que este hombre no vaya a ser elegido papa, pensando en el impedimento de la edad, pero ojalá sea alguien como él”. Cuenta además cómo el cardenal Bergoglio bromeó sobre la posibilidad que lo eligieran, “nosotros le preguntamos como estaba la salud de él por el pequeño problema que había tenido en las piernas y nos respondió que ya estaba muy bien, un padre le dijo que tuviera cuidado porque, ya con buena salud, los cardenales le podían elegir papa, y nos respondió que no nos hiciéramos a esa idea y que ya lo tenía pensado, que iba a entrar al cónclave con un bastón, y los cardenales pensarán que a ese viejito no le vamos a elegir nunca”.

“Una idea fija que tiene él –continúa narrando el padre Strada- la expresa con estas palabras: hay que buscar una Iglesia que esté en la calle. Él piensa que la Iglesia no debe cerrarse sobre sí misma porque se enferma. Tiene que ir a buscar a los hombre. Dice que nos equivocamos al pensar que en el rebaño tenemos 99 ovejas y hay una oveja descarriada que está afuera. Y es exactamente al revés, en el rebaño tenemos una oveja y hay 99 que están afuera, y el error nuestro es dedicarnos a la única ovejita que tenemos dentro”. Cuenta el padre que a ellos les dijo “hoy no hacen falta clérigos, no hacen falta funcionarios clericales, hacen falta pastores que tengan olor a oveja, pastores que estén con las ovejas, que nunca las apaleen sino que las cuiden con mucho amor”.

Finaliza la entrevista hablando del aspecto mariano del santo padre, que demostró con su primer gesto como pontífice de acudir a Santa María la Mayor, para hacer una ofrenda con flores a la Virgen, como un niño que le va a regalar flores a su madre. Y destaca también su labor pastoral y de cercanía a los hombres cuando dice que la Iglesia tiene que ser tierna y salir a buscar a los hombres.

Catequesis del Papa sobre lo razonable de creer

Jueves, noviembre 22nd, 2012
TEXTO COMPLETO: Catequesis del Papa sobre lo razonable de creer

VATICANO, 21 Nov. 12 / 10:27 am (ACI).-

Queridos hermanos y hermanas:

Avanzamos en este Año de la fe, llevando en nuestros corazones la esperanza de redescubrir cuánta alegría hay en creer y encontrar el entusiasmo de comunicar a todos las verdades de la fe. Estas verdades no son un simple mensaje de Dios, una particular información sobre Él. Sino que expresan el acontecimiento del encuentro de Dios con los hombres, encuentro salvífico y liberador, que realiza que las aspiraciones más profundas del hombre, sus anhelos de paz, de fraternidad y de amor.

La fe lleva a descubrir que el encuentro con Dios valoriza, perfecciona y eleva lo que es verdadero, bueno y bello en el hombre. De este modo, se da la circunstancia de que, mientras Dios se revela y se deja conocer, el hombre llega a saber quién es Dios y, conociéndolo, se descubre a sí mismo, su origen y su destino, así como la grandeza y la dignidad de la vida humana.

La fe permite un conocimiento auténtico sobre Dios, que implica a toda la persona humana: se trata de un “saber”, un conocimiento que le da sabor a la vida, un nuevo sabor a la existencia, una forma alegre de estar en el mundo. La fe se expresa en el don de sí mismo a los demás, en la fraternidad que nos hace solidarios, capaces de amar, derrotando la soledad que nos hace tristes.

Este conocimiento de Dios mediante la fe, por lo tanto, no es sólo intelectual, sino vital. Es el conocimiento de Dios-Amor, gracias a su mismo amor. Además, el amor de Dios hace ver, abre los ojos, permite conocer toda la realidad, más allá de las estrechas perspectivas del individualismo y del subjetivismo, que desorientan las conciencias. El conocimiento de Dios es, por tanto, la experiencia de la fe, e implica, al mismo tiempo, un camino intelectual y moral: marcados en lo profundo por la presencia del Espíritu de Jesús en nosotros, podemos superar los horizontes de nuestros egoísmos y nos abrimos a los verdaderos valores de la vida.

Hoy, en esta catequesis, quisiera detenerme sobre lo razonable de la fe en Dios. La tradición católica ha rechazado desde el principio el denominado fideísmo, que es la voluntad de creer en contra de la razón. Credo quia absurdum (creo porque es absurdo) es la fórmula que interpreta la fe católica. De hecho, Dios no es absurdo, en todo caso es misterio. El misterio, a su vez, no es irracional, sino sobreabundancia de sentido, de significado y de verdad.

Si contemplando el misterio, la razón ve oscuro, no es porque en el misterio no haya luz, sino más bien porque hay demasiada luz. Al igual que cuando los ojos del hombre se dirigen a mirar directamente al sol y sólo ven tinieblas ¿quién podría decir que el sol no es brillante? Aún más, es la fuente de la luz. La fe le permite ver el “sol” de Dios, porque es acogida de su revelación en la historia y, por así decirlo, recibe verdaderamente toda la luminosidad del misterio de Dios, reconociendo el gran milagro: Dios se ha acercado al hombre y se ha ofrecido a su conocimiento, condescendiendo al límite de la criatura de la razón humana (cf. CONC. CE. IVA. II, Constitución Dogmática. Dei Verbum, 13).

Al mismo tiempo, Dios, con su gracia, ilumina la razón, le abre nuevos horizontes, inconmensurables e infinitos. Por este motivo, la fe es un fuerte incentivo para buscar siempre, sin parar nunca y sin desfallecer, el descubrimiento de la verdad y la realidad inagotable. Es falso el prejuicio de algunos pensadores modernos, que aseveran que la razón humana quedaría como bloqueada por los dogmas de la fe. En realidad, es todo lo contrario, como han demostrado los grandes maestros de la tradición católica.

San Agustín, antes de su conversión, busca con tanta inquietud la verdad, a través de todas las filosofías disponibles y las encuentra todas insatisfactorias. Su fatigosa búsqueda racional es para él una pedagogía significativa para el encuentro con la Verdad de Cristo. Cuando dice, “comprende para creer y cree para comprender” (Discurso 43, 9: PL 38, 258), es como si estuviera contando su propia experiencia de vida.

Ante la revelación divina, el intelecto y la fe no son extraños o antagonistas, sino que ambas son condiciones para comprender su sentido, para recibir su mensaje auténtico, acercándose al umbral del misterio. San Agustín, junto con muchos otros autores cristianos, es testigo de una fe que se ejerce con la razón, que piensa e invita a pensar.

Sobre esta huella, san Anselmo en su Proslogion dice que la fe católica es fides quaerens intellectum, donde la búsqueda de la inteligencia es un acto interior al creer. Será especialmente Santo Tomás de Aquino –afianzado en esta sólida tradición de lo razonable de la fe– el que se confronta con la razón de los filósofos, mostrando cuánta vitalidad racional nueva y fecunda enriquece el pensamiento humano cuando se insertan los principios y las verdades de la fe cristiana.

La fe católica es, pues, razonable y nutre también confianza en la razón humana. El Concilio Vaticano II en la Constitución dogmática Dei Filius, afirma que la razón es capaz de conocer con certeza la existencia de Dios por medio del camino de la creación, mientras que sólo pertenece a la fe la posibilidad de conocer “fácilmente, con absoluta certeza y sin error “(DS 3005) la verdad acerca de Dios, a la luz de la gracia. El conocimiento de la fe, además, no va en contra de la recta razón.

El beato Papa Juan Pablo II, de hecho, en la encíclica Fides et ratio, sintetiza así: “La razón humana no queda anulada ni se envilece dando su asentimiento a los contenidos de la fe; éstos en todo caso se alcanzan mediante libre y consciente elección “(n. 43). En el irresistible deseo por la verdad, sólo una relación armoniosa entre la fe y la razón es el camino que conduce a Dios y a la plenitud de sí mismo.

Esta doctrina es fácilmente reconocible en todo el Nuevo Testamento. San Pablo, escribiendo a los cristianos de Corinto sostiene: “Mientras los Judíos piden señales y los Griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los Judíos, necedad para los gentiles” (1 Cor 1:22-23).

De hecho, Dios ha salvado al mundo no por un acto de fuerza, sino a través de la humillación de su Hijo único: de acuerdo a los parámetros humanos, el modo inusual dado por Dios contrasta con las exigencias de la sabiduría griega. Y sin embargo, la cruz de Cristo es una razón, que San Pablo llama: ho logos tou staurou, “la palabra de la cruz” (1 Corintios 1:18). Aquí, el término lògos significa tanto razón como palabra y, si alude a la palabra, es porque expresa verbalmente lo que elabora la razón.

Por lo tanto, Pablo ve en la Cruz no un evento irracional, sino un hecho de salvación que tiene su propia racionalidad reconocible a la luz de la fe. Al mismo tiempo, tiene tal confianza en la razón humana, hasta el punto de asombrarse por el hecho de que muchos, incluso viendo la obras realizadas por Dios, se obstinan en no creer en Él: “En efecto –escribe en su carta a los Romanos– las perfecciones invisibles [de Dios], es decir, su eterno poder y divinidad, vienen contemplados y comprendidos por la creación del mundo a través de las obras realizadas por Él “(1,20).

También San Pedro exhorta a los cristianos de la diáspora a adorar “al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a responder a todo el que os pida la razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). En un clima de persecución y de fuerte necesidad de dar testimonio de la fe, a los creyentes se les pide que justifiquen con motivaciones fundadas su adhesión a la palabra del Evangelio, de dar la razón de nuestra esperanza.

Sobre esta base, acerca del nexo fecundo entre entender y creer, se funda también la relación virtuosa entre ciencia y fe. La investigación científica conduce al conocimiento de verdades siempre nuevas sobre el hombre y el cosmos. El verdadero bien de la humanidad, accesible en la fe, abre el horizonte en el que se debe mover su camino de descubrimiento.

Por lo tanto, deben fomentarse, por ejemplo, las investigaciones puestas al servicio de la vida y que tienen como objetivo erradicar las enfermedades. También son importantes las investigaciones para descubrir los secretos de nuestro planeta y del universo, a sabiendas de que el hombre está en la cima de la creación, no para explotarla de manera insensata, sino para custodiarla y hacerla habitable.

Así, la fe, vivida realmente, no está en conflicto con la ciencia, más bien coopera con ella, ofreciendo criterios básicos que promuevan el bien de todos, pidiéndole que renuncie sólo a los intentos que –oponiéndose al plan original de Dios– pueden producir efectos que se vuelvan contra el mismo hombre. También por ello es razonable creer: si la ciencia es un aliado valioso de la fe para la comprensión del plan de Dios en el universo, la fe permite al progreso científico realizarse siempre por el bien y la verdad del hombre, fiel a este mismo diseño.

Por eso es crucial para el hombre abrirse a la fe y conocer a Dios y su proyecto de salvación en Jesucristo. En el Evangelio, se inaugura un nuevo humanismo, una verdadera “gramática” del hombre y de toda la realidad. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: “La verdad de Dios es su sabiduría que sostiene el orden de la creación y el gobierno del mundo. Dios, que “hizo Él solo, el cielo y la tierra” (Sal 115,15), puede dar, Él sólo, el verdadero conocimiento de todo lo creado en la relación con Él “(n. 216).

Confiemos que nuestro compromiso en la evangelización ayude a dar nueva centralidad al Evangelio en la vida de muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo. Oremos para que todos vuelvan a encontrar en Cristo el sentido de la vida y el fundamento de la verdadera libertad: sin Dios, de hecho, el hombre se pierde. Los testimonios de los que nos han precedido y han dedicado su vida al Evangelio, lo confirma para siempre.

Es razonable creer, está en juego nuestra existencia. Vale la pena darse por Cristo, sólo Cristo satisface los deseos de verdad y de bien arraigados en el alma de cada hombre: ahora, en el tiempo que pasa, y en el día sin fin de la bendita eternidad.

fuente



José Ignacio González Faus, S.J. en Uruguay: Otro mundo es posible…desde Jesús

Jueves, septiembre 27th, 2012

Programa de actividades

8 de octubre
Encuentro de Eclesiología: “Concilio Vaticano II, ayer y hoy” 19:30- 21:30 hs. Colegio Clara Jackson de Heber. L. A. de Herrera 4142. Inscripción previa: fausenuruguay@gmail.com

9 de octubre
“Otro mundo es posible… desde Jesús” Presentación de su último libro. 19:30 hs. Espacio Cultural La Spezia. Libertad y Bvar. España.

10 al 15 de octubre
Ejercicios Espirituales Ignacianos (6 días)  Centro de Espiritualidad Manresa. Luis A. de Herrera 4278.  Plazas limitadas. Informes e inscripciones: 2336 0836 – manresa@ucu.edu.uy

16, 17, 18, 19 y 22 de octubre
Seminario de Cristología: “Jesús, invitación y fundamento radical para la fraternidad” ¿Qué Dios y qué imagen del ser humano se nos revela en Jesús? Retos y desafíos para el mundo actual. 19:30-21:30 hs. Colegio Seminario. Soriano 1472. Inscripción previa: fausenuruguay@gmail.com

20 al 21 de octubre
Retiro para jóvenes (en edad y/o espíritu) “Etty Hillesum, una vida que interpela” Un itinerario de espiritualidad y compromiso para interpelar mi propia vida. Centro de Espiritualidad Las Esclavas. J. B. Lamas 2907. Plazas limitadas. Inscripción previa: fausenuruguay@gmail.com

Nem sacrifícios nem oblações: deste-me um corpo

Jueves, septiembre 20th, 2012
17/09/2012
Domtotal

(Foto: Reprodução)
Nas  sociedades ocidentais, pensa-se normalmente que o corpo humano é um objeto  relevante apenas para as áreas do saber da biologia ou da fisiologia, por  exemplo, e que sua realidade material deve ser pensada de maneira  independente das representações sociais ou da preocupação das ciências  humanas. Por causa da longa tradição filosófico-religiosa da separação da  alma e do corpo, este último afastou-se do campo do conhecimento objetivo,  enquanto a apreensão do psiquismo estaria submetida à flutuação das  representações. Ora, os trabalhos antropológicos, assim como os filosóficos  e teológicos, apresentam uma extrema variedade de concepções do corpo  segundo as diferentes sociedades, de seu tratamento social, sua relação com  o outro e com o mundo.

A teologia  encontrará na Bíblia as orientações que ensinarão como se deve entender o  corpo e regular a relação com ele. Os  livros do Primeiro  Testamento nos colocam diante da visão semita, que compreende o ser  humano como corpo animado pelo espírito de Deus, mas também percebe esta  corporeidade existencial conspurcada pelas muitas situações de conflito e  violência que perpassam a história da humanidade, que não é outra senão a  mesma história da salvação.

Assim, nestes textos, criação, bondade,  fecundidade, cuidado e bênção se misturam com atração pelo sexo oposto, que  é gozo e realização ao mesmo tempo que desvio, deturpação, excesso, ciúme,  maldição, traição etc., que resultam em violência, com assassinato, coerção,   segregação, mentira, desrespeito.

Ao olhar para o Novo  Testamento, percebemos que a experiência e a reflexão teológica no  cristianismo são experiência e reflexão teológica sobre um Deus encarnado.   Fora deste dado central e absolutamente necessário, não há  cristianismo.  Não havendo encarnação, não há a possibilidade de Deus  assumir todas as coisas por dentro e viver a história passo a passo, por  assim dizer “na contramão” de sua eternidade.  Não havendo encarnação,  não há cruz, não há redenção, não há salvação.  Não há, portanto,  aliança entre a carne e o Espírito.

Confessar com a boca e o coração  que o Verbo se fez carne e o Espírito foi derramado sobre toda carne implica  buscar a experiência e a união com o Deus que assim determina comunicar-se  com a humanidade através desta carne na qual é possível experimentá-Lo.  Desde aí somente é possível começar a reflexão sobre a corporeidade humana  sexuada e pensar igualmente sua conflitiva interlocução com a violência.

O  corpo humano está no centro da revelação cristã, no momento em que se trata  de algo que foi assumido pelo próprio Deus, na Encarnação de seu Filho Jesus  Cristo.  A Encarnação do Verbo, que toma corpo humano e habita entre  nós, embora carregue consigo uma forte dimensão kenótica e humilhante, de  acordo com as palavras do hino da Carta aos Filipenses, por outro lado eleva  e engrandece a corporeidade humana, resgatando-a de uma vez para sempre,  pois a divindade a abraça por  dentro.

Com  a vinda do Espírito Santo, a corporeidade humana redescobre novas dimensões  de si própria, que vêm completar a revelação que Jesus Cristo dela faz.   Percebendo-se semelhantes a Jesus de Nazaré encarnado, vivo e morto,  os discípulos da comunidade cristã primeva percebem-se igualmente destinados  a uma ressurreição semelhante à sua, onde o corpo humano, semeado  corruptível, ressuscitará  incorruptível.

O  Espírito na Bíblia, porém, está sempre estreitamente vinculado ao corpo.   Não se trata de uma força etérea que leve o ser humano a ultrapassar a  barreira do tempo, do espaço e, sobretudo, da corporeidade e da espessura do  real. O Espírito tende para o corpo: esta é a realidade revelada através dos  textos do Primeiro Testamento, quando o Espírito de Deus cria mundos a  partir do nada, transforma desertos em jardim, ossos secos em militante  exército e engravida ventres estéreis.

Nessa  vinda de Deus ao nosso encontro, o Espírito entra na violência do mundo, das  parcialidades, das relações conflitivas e entrecortadas, das intempéries,  das catástrofes, das carências de sentido.

Habitando na corporeidade  humana, o Espírito faz do ser humano seu templo, sua morada. O Cristianismo  traz, entre as grandes novidades que introduz na história da humanidade, o  fato de o eixo do Sagrado ser deslocado do Templo, lugar de culto e de  oração tradicional, para o ser humano, para a corporeidade humana, para a  carne.

Portanto,  não é necessário multiplicar ritos e sacrifícios para agradar ao Senhor.   Basta o nosso corpo, onde Ele habita, oferecido e disponível para o  projeto de Seu Reino.


Maria Clara Bingemer é teóloga, professora e decana do Centro de Teologia e Ciências Humanas da PUC-Rio. É autora de diversos livros, entre eles, ¿Un rostro para Dios?, de 2008, e A globalização e os jesuítas, de 2007. Escreveu também vários artigos no campo da Teologia.