Udelar: Facultad de Humanidades
En los meses de agosto y setiembre, diversas actividades recordaron el centenario del nacimiento de Arturo Ardao (1912-2003), filósofo, abogado, periodista, docente, y decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias.
A fines de agosto el Centro de Estudios Interdisciplinarios Latinoamericanos y el Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades, y el Instituto de Historia de las Ideas de la Facultad de Derecho, organizaron junto a la Administración Nacional de Educación Pública unas Jornadas que se desarrollaron en la sede del Instituto de Perfeccionamiento y Estudios Superiores.
Allí participaron, entre otros, Juan Fló, Inés Moreno, Yamandú Acosta, Horacio Cerutti -profesor en la UNAM mexicana-, los argentinos Clara Alicia Jalif, Laura Vargas y Hugo Biagini, Raquel García Bouzas, Lía Berisso, y Jorge Liberati.
El profesor Yamandú Acosta, uno de los organizadores, destacó el aporte de Ardao a la filosofía. «Toda historia de las ideas es filosófica, a menos que se la haga como a una guía telefónica», explicó a la diaria. «Y en el caso de Ardao, además, todos esos insumos que asume, organiza, clasifica, esas referencias que lo interpelan y que él interpela, hacen a los fundamentos de su pensamiento más propio. De alguna manera, Ardao se ocultó modestamente en la labor del historiador y sólo explicitó su pensamiento más claramente filosófico en algunas obras. Pero este pensamiento es clarísimo en Espacio e inteligencia [publicado en 1987 en Caracas, ya que durante la dictadura Ardao formó parte del grupo de intelectuales que se asilaron en Venezuela], y La lógica de la razón y la lógica de la inteligencia [2000]».
Por modestia, según Acosta, Ardao llegó a pedir que se lo excluyera de una compilación de filósofos contemporáneos que estaba realizando a principios de los 80 un escritor checo, con el argumento de que había otros pensadores más importantes. Los papeles de Ardao, entre los que se encuentra esa correspondencia, permitieron editar dos volúmenes de obra póstumamente, y seguramente haya más novedades en este campo, según Acosta.
El 20 de setiembre la Academia Nacional de Letras organizó otro homenaje en la Sala Maggiolo en el que participaron, entre otros, Angelita Parodi, Wilfredo Penco, Yamandú Acosta, y Adolfo Elizaincín.
Según Carlos Real de Azúa, la contribución de Ardao a la historia de las ideas en Uruguay y, en especial, a las filosóficas y religiosas, fue «rigurosa y metódica como pocas» e incidió en «ese proceso en que América redescubre su pensamiento, levanta su inventario, lo despliega en su desarrollo histórico, movida por urgencias que le imponen tanto la dialéctica de su propio interno crecimiento como las inflexiones socio-políticas que lo reclaman y a la vez condicionan».
A partir de esas investigaciones, que culminaron en libros, que son ahora clásicos de un campo disciplinario al que aportó reflexiones fundacionales de su propia elaboración filosófica, alcanzó una proyección continental. Participó en la fundación de los semanarios Acción y Marcha, así como de los Cuadernos de Marcha, publicaciones donde regularmente aparecían sus ensayos y notas periodísticas.
Debió exilarse durante la dictadura cívico-militar, desempeñándose entonces como profesor universitario e investigador en Venezuela. Al regresar a Uruguay continuó examinando, en conferencias y en publicaciones varias, los planteos intelectuales y latinoamericanos de los que nunca se apartó.
*Artículo tomado del Portal Udelar






